
Treinta y nueve días después seguimos navegando. El silencio roto por el zumbido en mis oídos. Todo es quietud, nada se mueve.
Blancos, negros, mil tonos grises para poder pertenecerte: senda que solo a tu lado puedo recorrer con ayuda de ese silencio tuyo, que llena mi forma de existir.

Palmas unidas que las manos tocan. Aliento profundo, aire lleno de vida.